Dentro de la insuficiencia e incompetencia venosa de las venas figura una de las patologías más conocidas, las várices, que en función de su tamaño, morfología y gravedad pueden dividirse en tres tipos.

Las primeras son las denominadas telangiectasias o arañas vasculares muy pequeñas que, aunque pueden dar lugar a sensación de piernas cansadas, solamente suponen un problema estético, bastante serio, especialmente para las mujeres.

Se caracterizan por la dilatación de los vasos sanguíneos superficiales, de color rojizo y se presentan como un racimo de venas en un lugar determinado como la cara, las manos, algunas partes del cuerpo y en las extremidades. Por lo general son asintomáticas; sin embargo, algunas sangran y causan problemas significativos.

De acuerdo a diversos estudios, un tercio de los pacientes nota el primer desarrollo de estas arañitas durante el embarazo y un 18% en mujeres que toman anticonceptivos. El factor más importante sigue siendo el hereditario, aunque determinadas profesiones provocan su desarrollo, debido al hecho de estar de pie durante mucho tiempo.

Otras causas de esta variedad de várices pueden incluir el excesivo consumo de alcohol; el envejecimiento; el tratamiento con estrógenos y la exposición prolongada al sol.

Existen algunas formas de prevenir su formación o de frenar su avance, y no solo de las “arañitas vasculares”, sino que también de las otras variedades de várices que se verán a continuación. Entre ellas figuran los masajes de drenaje linfático y las duchas frías, de manera especial en las piernas con trastornos circulatorios. También se recomienda evitar permanecer muchas horas de pie o sentado y realizar un simple ejercicio, varias veces al día, que consiste en elevar los talones para ponerse en punta de pie; de esta forma se realiza un masaje en las pantorrillas y se consigue mejorar la circulación sanguínea.

Se aconseja dormir con las piernas levemente elevadas, regulando la altura de la almohada hasta conseguir una posición que resulte cómoda. También usar medias elásticas de compresión gradual; evitar los ejercicios de tipo anaeróbico –como por ejemplo, abdominales-, sin el uso de medias de compresión, puesto que la presión abdominal puede dar lugar a la aparición de estas arañitas; no utilizar ropa demasiado ajustadas ni tacos demasiado altos y no abusar del tabaco ni del alcohol.

La segunda categoría de várices son las llamadas reticulares, cuyo nombre viene de la capacidad de formar redes, que se encuentran justo por debajo de la piel, de color azul, dilatadas que aparecen detrás de las rodillas y de algunas articulaciones. En su fase inicial se dibujan como venas verdes planas que siguen trayectos erráticos para posteriormente ir abultándose y aumentar su relieve. Pueden ser la causa de arañas vasculares y llegar a estimular el desarrollo de várices troncales, que son las más graves y que se describen a continuación.

Finalmente, la tercera categoría comprende a las venas troncales, que son la forma más común de las várices, ya que involucra al 85% de los casos. Son verdaderamente un problema, ya que se trata de várices grandes, gruesas, dolorosas que deben recibir tratamiento, porque afectan los troncos venosos de las venas safenas internas y externas, de los miembros inferiores y pueden tener varias complicaciones como trombosis, úlceras varicosas o hemorragias. Pertenecen al sistema venoso superficial y aparecen en la cara interna de las piernas o bien por detrás de las rodillas. Además, pueden provocar serias alteraciones venosas, como la inflamación de pies y tobillos, cambio de coloración y grosor de la piel en la parte baja de las piernas.

Referencias:

Alejandro Cabrera, 2014. Las várices, una enfermedad silenciosa.