Fuente: Venos Mil

Sabemos que las várices y las altas temperaturas son totales enemigas. Es que las venas varicosas tienden a empeorar en estas condiciones térmicas, causando mayores molestias a las personas afectadas. Sin embargo, muy pocas veces nos detenemos a hablar del frío y sus efectos sobre las várices, y pasamos por alto los reales beneficios que nos trae esta época del año para enfrentar  la patología.

El frío puede aliviar las varices, ya que la vasoconstricción de las venas tiende a mejorar cuando las temperaturas son más bajas. La circulación sanguínea es, por lo general, la principal beneficiaria de la exposición al frío, que puede ser ambiental por el cambio de estación o bien aplicado tópicamente.

Así lo explica Antonio Campo, de la Academia Española de Dermatología y Venereologia (AEDV). “La vasoconstricción y la posterior vasodilatación ayudan a dinamizar la circulación en las zonas expuestas al frío”. Este efecto repercute positivamente sobre todas aquellas afecciones que están relacionadas con el correcto flujo sanguíneo, como las várices.

¿Cuál es la razón?

La vasoconstricción de los vasos de la piel y la red venosa subcutánea, por el frío, puede potenciar la disminución del tamaño de las venas y por tanto, mejorar la sintomatología.

Así lo explica Carles Miquel, miembro del comité científico del Capítulo Español de Flebología y Linfología de la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Cardiovascular (Seacv): “La vasoconstricción de los vasos de la piel y la red venosa subcutánea por efecto del frío conlleva una disminución del calibre de las venas del sistema venoso superficial y, en consecuencia, mejora la sintomatología, como la pesadez y el edema, en las personas con insuficiencia venosa crónica”.

Además, cuando las temperaturas bajan nuestro cuerpo aguanta más haciendo deporte, rechazando así el sedentarismo que afecta directamente a las varices.

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